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MUJERES

DEFENSORA DEL PUEBLO DE NAVARRA
INTERVENCIÓN ACTO “DIA INTERNACIONAL CONTRA VIOLENCIA DOMÉSTICA”

Pamplona, 25 de marzo (OFDP)

ACTO ORGANIZADO POR “ASOCIACIÓN DE MUJERES POROGRTESISTAS DE NAVARRA”

  • ANTES DE HACER ALGUNAS VALORACIONES SOBRE LA VIOLENCIA DE GENÉRO EN GENERAL, CREO QUE ES CONVENIENTE ENMARCA ESTA INTERVENCIÓN CON ALGUNOS DATOS Y HECHOS DE ÁMBITO NACIONAL Y RESPECTO A NAVARRA
  • ALGUNOS DATOS SOBRE LA REALIDAD NACIONAL

A fecha de marzo, durante el año 2003 se ha producido la muerte de 13 mujeres más que en el año 2002, lo que indica que las muertes por violencia de género está aumentando.

Es importante asimismo recordar que en España existe un total de 17 millones de mujeres mayores de 18 años, de las cuales 1.800.000 han sido maltratadas aunque sólo 600.0000 (un tercio) reconozcan este hecho.

Es significativo el dato conocido en cuanto a las órdenes de protección: Se han planteado 4.234 solicitudes, de las cuales se acordaron un total de 3.193. De esas3.193 ocasiones en que se han concedido ordenes de protección, cobran prestaciones económicas un total de 727 mujeres y 184 tienen protección oficial

Vinculada a la necesidades de protección de las víctimas, se está extendiendo la idea de que dichas medidas de protección se están adoptando fundamentalmente frente a exconyuges, cuando la realidad es que los conyuges agresores constituyen el 13,2% de los casos, mientras que el 58,7% de las veces el agresor es el conyuge. Es decir, el núcleo principal de la agresión, de la violencia, está dentro del hogar de la paraje y no principalmente en una relación rota con anterioridad.

La caída de los índice de casos de denunciados desde 1999 hasta el año 2002 deben alertarnos. Si bien es evidente que existe una mayor presión social sobre el hecho mismo de las agresiones y la violencia, no parece que esa sensaciónambiental esté generando realmente una realidad mejor, que esté provocando la reacción deseada de la denuncia contra la agresión.

Pero más allá de la realidad de los datos y de las contradicciones que a veces plantean, hoy, como cualquier otro día, quienes tenemos por misión velar por los derechos de los ciudadanos y ciudadanas, y quienes desde los parlamentos y los gobiernos tienen la potestad y la obligación de dirigir un país y una comunidad autónoma, debemos aprovechar para hacer un cierto balance de las herramientas que tenemos en nuestras manos y del uso que hacemos de ellas para inculcar una cultura nueva en la sociedad, de una parte, paramejorar la efectividad de las medidas de distinto tipo ya existentes y, finalmente, para conseguir establecer un espacio social de seguridad para la mujer frente a las agresiones y los abusos en el ámbito privado.

Ese espacio social de seguridad debe estar conformado en primer lugar, por la cobertura legal precisa en cuanto a educación de la sociedad, la creación de recursos de apoyo de primera acogida y reactivación de un proyecto propio de vida de las víctimas de esta violencia y, finalmente, la coordinación más eficaz, la colaboración más estrecha entre los diversos agentes y estamentos que intervienen en la protección de la mujer que ya es víctima.

Son tres niveles de actuación que considero imprescindibles, que han de convivir simultaneándose y que, en ningún caso, podrán sustituir unos a otros ni de dejar de existir porque otros ya existan.

Lo que se plantea es una intervención coordinada de todos los poderes en aras a mantener la vigencia del necesario respeto al derecho en el ámbito familiar.

No es tarea de un día ni de una sola administración o un solo poder público.

No es posible creer sólo en la eficacia absoluta de la coordinación entre los agentes que buscan la protección de la víctima desde el ámbito policial al judicial,porque serán únicamente piezas incompletas de una maquinaria más compleja a desarrollar.

Ese espacio social de seguridad del que hablo no se genera a través de la exclusiva protección de la víctima.

Es preciso enmarcarlo generando un estado deseguridad cívica a través de los métodos educativos correspondientes, potenciando una cultura de respeto, que es un proceso lento pero que sólo desde el marco de una norma legal puede implementarse, impulsarse y hacerlo eficaz. Seguridad económica para impedir que la dependencia económica sea un factor determinante en el sometimiento a una relación violenta; pero seguridad económica, como proyecto de vida autónomo, como factor de igualdad y, cuando sea preciso, como factor de protección. Y seguridad contra la agresión poniendo en funcionamiento con eficacia los elementos de coordinación que ya se saben que son precisos.

Desde este punto de vista, creo que los gobiernos están actuando por detrás de las expectativas de la sociedad; se están llenando los medios de comunicación de grandes titulares sobre medidas que se desarrollan con una lentitud a contracorriente de la realidad de la violencia doméstica y de la expectativa social. Y se está “intentando llegar” en el último momento con la mejor voluntad y los recursos posibles.

En Navarra, después de varios años, hemos conseguido sustituir la improvisación de la ayuda a las víctimas con un protocolo de actuación en materia de abusos y violencia doméstica que actúa de forma autónoma porque no existen otra medidas de rango superior que le sirvan de acompañamiento.

Antes señalaba que los factores de protección no pueden caminar de forma eficaz sin un marco legal que les refuerce desde la educación y la prevención. Aunque Navarra es, también en este caos, una Comunidad pionera en cuanto a la elaboración de una Ley sobre Violencia Doméstica, lo cierto es que, pese a su aprobación parlamentaria, el vacío legal por su falta de desarrollo es llamativo y, sobre todo, preocupante, porque pone en riesgo la eficacia de otros esfuerzos, como los del protocolo de coordinaciónque se anunció hace más de un año y sobre el que me consta que se está trabajando con decisión.

Finalmente, esa misma norma legal es la que debe establecer los criterios sobre los recursos, incluso de los de protección, como el de las Casas de Acogida, en función de criterios demográficos y culturales. En este sentido, creo que es importante que en Tudela se cree un centro de acogida para mujeres víctimas de malos tratos.