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Inmigración en la Ribera y su zona de influencia

La Ribera es una de las zonas navarras donde el numero de inmigrantes residentes supera a la media nacional, con un 4,47%; es decir, 4.624 inmigrantes, según el estudio realizado durante el año 2000 por el Departamento de Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra (UPNA). De hecho, se podría afirmar que la Ribera es el germen de todo el movimiento migratorio de Navarra. Un dato de especial relieve por su incidencia en el conjunto de la estructura social y desarrollo económico de la Ribera y su repercusión en el resto del territorio de la Comunidad.

Por recordar algunos datos pasados y recientes, la década de los noventa es testigo de los primeros asentamientos de inmigrantes en Tudela, integrados fundamentalmente por varones de una edad media de 25 años y de procedencia argelina o marroquí. Durante los últimos cinco años, el incremento de la población inmigrante, mucho más numeroso y constante, se ha producido con inmigrantes procedentes de Ecuador, Colombia y Bulgaria, aunque existen localidades, como Azagra, donde en junio de 2001 se registran ciudadanos de hasta diez nacionalidades diferentes (400 emigrantes empadronados, el 10% de la población total). No obstante, en esta zona geográfica sigue existiendo una inmigración fundamentalmente magrebí, con una fuerte preparación académica entre la población argelina, una mayoría de varones y con una edad media no superior a los cuarenta años; con un porcentaje muy alto de hombres solteros, mientras que los casados son mayoría entre los ciudadanos procedentes del resto de los paises mencionados.

En la Ribera Alta (Peralta, Falces, Funes y Marcilla) es Peralta la localidad que cuenta con un mayor porcentaje de inmigración. En octubre de 2000, los extranjeros extracomunitarios empadronados en dicha localidad ascendían a un total de 530, pero en la actualidad esa cifra ha superado ya las 700 personas, lo que supera a su vez el 12% de la población total de la localidad. También en esta zona la inmensa mayoría de los inmigrantes tienen nacionalidad ecuatoriana y el resto provienen de Marruecos y la Europa del Este.

En esa misma fecha, los inmigrantes residentes en Funes y Marcilla eran 140 y 160 respectivamente, disminuyendo el numero de ecuatorianos, aunque se registraba una mayor presencia de marroquíes, mientras en otras localidades -como Falces- la llegada de ciudadanos de otros paises no ha sido tan intensa y no alcanzan el centenar de empadronados.

En la comarca de Tudela, el 50% de los inmigrantes no contaban con permiso de residencia o trabajo en abril del presente año 2001 y 100 inmigrantes habitaban en casetas.

Las organizaciones de iniciativa social han puesto de manifiesto la descoordinación interna de los Ayuntamientos de la zona y la falta de orientaciones generales a los Municipios por parte de las Administraciones estatal y foral, que, en su opinión, no han asumido la responsabilidad de los problemas existentes, todos ellos derivados de la actual normativa en materia de extranjería, que no atiende el problema social inherente a la inmigración y traslada a las organizaciones sociales los trabajos de atención inicial y la de los inmigrantes ya establecidos. La pregunta "¿quién se responsabiliza de los problemas?" de los representantes de dichas organizaciones se continúa con una reflexión que incide directamente en ese núcleo de problema social que se genera a partir de la discriminación a los inmigrantes actuales, a la vez que, desde la Administración del Estado, se selecciona a los futuros inmigrantes en función de convenios bilaterales sólo con determinados paises. Esta dicotomía se está traduciendo en una mayor inseguridad jurídica de los inmigrantes.

El papel a desempeñar por los Ayuntamientos es valorado muy positivamente, aunque reclamado de forma insistente, dado el recelo de los gobiernos municipales de cara a sus vecinos a tomar iniciativas en favor de los inmigrantes. A ello cabe añadir que los propios Ayuntamientos no han coordinado hasta ahora sus problemáticas sociales en materia de inmigración, produciéndose solo alguna iniciativa individual, a pesar de la crítica generalizada que se realiza a la falta de medios y de coordinación con las restantes administraciones.

La necesidad de acuerdos municipales a través de servicios mancomunados y la potenciación de los ya existentes es planteada de forma reiterada, especialmente en lo relativo a vivienda y atención a trabajadores temporeros.